En el otoño de 2008, durante una estupenda velada en casa de un buen amigo mío y compañero de promoción, éste me dijo “… el Cloud Computing te dejará sin trabajo, deberías reinventarte …”. A cualquiera que le dijeran algo así, de golpe, se echaría a reír, pero claro, me lo decía la persona que me lo decía, alguien con una visión única en el sector TIC, alguien que, a lo largo de más de 22 años, no se ha equivocado en ninguno de sus vaticinios sobre la evolución de este sector, y alguien que, al menos para mí, ha sido una especie de oráculo o punto de referencia absoluto (siempre le recuerdo que por su culpa yo acabé dedicándome a las TICs). Desde entonces, me he mirado muy de cerca el Cloud Computing y, poco a poco, lo he ido analizando con gran interés y cautela.

 

Para aquellos que aún no sepáis de qué demonios hablo, Cloud Computing es la última moda en TI, el último grito en tendencias, como años atrás lo fue Internet, la externalización, o la virtualización. La finalidad que persigue no es otra que la de convertir las TICs en un mero suministro, un “pago por uso”, como lo son el agua, el gas o la electricidad, y, de esta manera, de la mano de un proveedor de confianza, aumentar la función de negocio y disminuir la función de tecnología: deje en manos de terceros las TICs y haga que los recursos humanos de su empresa estén centrados en generar valor en lo que su empresa produzca (servicios jurídicos, gafas, ropa, coches, o lo que sea…).

Voy  a dar un poco más de detalle sobre qué es y cómo funciona Cloud Computing.

Bajo mi punto de vista, y el de otros muchos, podemos diferenciar el Cloud en tres tipos:

  • IaaS (Infrastructure as a Service): es el Cloud de los departamentos de TI. Yo lo veo como tener los servidores (máquinas virtuales) en la nube, siendo su ejemplo más claro, y por qué no decirlo, el primero en llegar, Amazon Elastic Compute Cloud (Amazon EC2).
  • PaaS (Platform as a Service): es el Cloud de los que desarrollan. Yo lo veo como un Sistema Operativo o un Gestor de Bases de Datos en la nube, o las dos cosas a la vez, siendo sus ejemplos más claros Microsoft Azure + SQL Azure (desarrolladores  .NET, vayan quedándose con estos nombres y vayan incorporando a su Visual Studio todo lo relacionado con ello) y Google App Engine.
  • SaaS (Software as a Service): algunos lo llaman el Cloud de las personas. Yo lo veo como Programas o Software en la nube.  Como ejemplos tenemos Google Apps y Microsoft Office 365 (antes Microsoft BPOS).

Desde el punto de vista de Recursos Humanos, comenzando por IaaS , siguiendo por PaaS, y acabando por SaaS, a medida que progresamos vamos realizando una mayor y más intensa abstracción de la tecnología y de la complejidad y, por ende, obteniendo una menor necesidad de personal TIC que las gestione y administre. Por lo tanto, en IaaS todavía necesitamos personal que administre la infraestructura (aunque ya no tengamos el CPD en casa), personal que  revise la salud de los servidores, que los monitorice, que les haga las convenientes y necesarias actualizaciones de parches, etc… En PaaS, ya hemos prescindido de administradores y técnicos de sistemas, pero aún tenemos desarrolladores y jefes de proyecto en casa, aunque por poco tiempo, porque cuando lleguemos a Saas tan sólo tendremos al usuario final, al personal de la empresa que realmente sepa hacer lo que  la empresa haga o venda, o sea,  al consumidor final de TICs-Cloud, ese nuevo suministro, esa nueva “utility”.  De este modo, hemos completado nuestro camino desde CAPEX (CAPital EXpenditures, esto es, activos normalmente pagados por adelantado -o con financiación, renting, etc…- y que generalmente se deprecian con el paso del tiempo) hasta OPEX (OPerational EXpenditures, esto es, gastos básicos en los que incurre una organización como consecuencia de su propio funcionamiento).

Todo lo que he explicado hasta ahora no es un cuento de hadas, todo esto ya existe y podría citar innumerables casos de éxito (“Telecinco invierte menos de 10.000 € usando Microsoft Azure para dar cobertura en Internet al Mundial de Fútbol de Sudáfrica en 2010”, ver aquí), y no nos engañemos, esto  es el sueño de todo CEO,CFO o similar, y más en tiempos de crisis, obligados a reducir costes de donde sea y como sea. Pero como todo en el mundo de la empresa al margen de tener su lado bonito, también existe el lado oscuro. Para aquellos que os guste analizar las cosas con un  DAFO, os recomiendo que hagáis click aquí.

Visto lo visto, el “pago por uso” está bien, muy bien. Pero, ¿después de leer este post tienes tentaciones de subir tu aplicación .NET directamente a Microsoft Azure? Pues cuidado, mucho cuidado, ya que puedes acabar descubriendo que, al no haber sido diseñada para trabajar inicialmente en esta plataforma, tu aplicación .NET al correr en sistemas de “pago por uso” puede generar un consumo excesivo de CPU, o de cualquier otro recurso, lo que daría lugar a que la factura de la “utility” se disparase a final de mes. Por eso digo, desarrolladores .NET, instalad todo lo necesario para Azure en vuestro Visual Studio y cambiad vuestra manera de desarrollar. Por cierto, si crees que te has librado de hacer “backup” de tus datos, estás totalmente equivocado: Azure no dispone de copias que cubran el fallo humano, por lo que deberás implementar tu propio sistema o pagar por soluciones de terceros que cubran la posibilidad de que un becario o un jefe de explotación (a todos nos puede pasar) te borre de la base de datos miles de registros por error.

No tener un costoso CPD en tu casa, con su consumo de electricidad y aire acondicionado, es algo genial y, además, puedes venderte a tus clientes como empresa sostenible y ecológica, jactándote encima de que tu proveedor de Cloud hace cosas como las que hace Google (ver aquí). Pero, ¿qué pasa si una excavadora llega con su pala cerca de las instalaciones de tu empresa y se lleva toda la fibra óptica por delante? En ese caso, puedes llegar a desear tener tu CPD bien fresquito en la planta 1 de tus instalaciones. Estas cosas pasan más de lo que creemos.

Llegados a este punto, tienes ya todo en la nube, estás tranquilo, eres más sostenible y ecológico que nadie, ya no cuentas con aquel desagradable y siempre malhumorado administrador de sistemas, solo cuentas con tu gente, la que sabe de tu negocio, y confías que esa capa tecnológica que te permite incrementar las ventas mes a mes (aquello que algunos llaman “alinear las TIC con el negocio”), esa capa que está ahora fuera de tu casa, pero en manos de verdaderos expertos en eso, jamás te va a fallar. Pues falso, esos expertos, generalmente muy mal pagados, al igual que aquel desagradable y siempre malhumorado administrador de sistemas, también se equivocan. A Amazon le pasó (ver aquí). Valora seria y cuidadosamente el impacto que un parón de hasta más de 48 horas de tus sistemas puede provocar en tu cuenta de resultados.

Y por último, está la Seguridad, ese tema tan delicado. Hay quien vende el Cloud Computing como algo altamente seguro, mucho más seguro que tener los datos en casa, ya que si, por ejemplo, nuestras instalaciones sufren un incendio, nuestros datos corporativos seguirán disponibles allá arriba, en la nube. Pero, por otra parte, no olvidemos que con este modelo, por un lado datos críticos para nuestra compañía pueden estar circulando por una red pública, y, por otro, en un sector más allá de la partición NTFS en la que está la base de datos de nuestro BI o nuestro CRM pueden estar los datos de nuestra competencia. Sin olvidar normativa y legislación nacional o europea en materia de custodia de datos.

No quisiera transmitiros con estos últimos párrafos la sensación de rechazo por mi parte a todo lo que huela a Cloud. Nada más lejos de la realidad. Cloud es algo maravilloso y es hoy por hoy una realidad, un tren pesado de mercancías que circula a una velocidad de vértigo desde CAPEX hasta OPEX y que ya nadie puede parar. Ha llegado ya y está aquí para quedarse, y nosotros lo único que debemos hacer como profesionales del sector es adaptarnos a este nuevo paradigma, hacerlo crecer y aportar valor con él a nuestras organizaciones.

Por mi parte, en ello estoy, y pienso seguir compartiéndolo con todos vosotros.

 

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